domingo, 18 de septiembre de 2011

A vueltas con el modelo, por Ricard Meneu

Hoy aparece en El País un comentario de Ricard Meneu sobre el futuro del modelo farmacéutico. Reproducimos al píe una versión preliminar, algo más amplia.

Un modelo con poca salud
Ricard Meneu- Fundación IISS (Instituto de Investigación en Servicios de Salud)

La inopinada demora en el cobro que han sufrido algunas farmacias parece haber auspiciado una preocupación por su futuro. La razonable indignación de estos empresarios al ver vulnerado su derecho a cobrar puntualmente sería más admisible si hasta la fecha no hubiesen sido discriminados positivamente  al ser pagados a los 20 días de facturar mientras el resto de proveedores sanitarios, grandes y pequeños, esperaban más de un año.


Y es que el verdadero problema de nuestras boticas no reside en esta coyuntural morosidad, si no en una oferta excesiva y progresivamente alejada de sus especificidades sanitarias. Dos errores propiciados por las administraciones, con la aquiescencia del sector. Durante los años de crecimiento de la facturación las CC.AA. favorecieron una política expansiva del abultado número de farmacias. Según su organización colegial, sólo en España pueden encontrarse oficinas en núcleos de población de menos de 300 habitantes. Consecuentemente, cuando las reducciones de precios amenazan con menguar la recaudación surge la preocupación por su viabilidad. Una de las medidas adoptadas este verano “para la mejora de la cohesión del SNS” ha sido modificar los márgenes para ciertas farmacias rurales que “juegan un papel de primera magnitud en la salud de la población”. Curioso papel consistente en dispensar productos para los que se requiere la prescripción de un médico que no existe en tales localidades.

Pero los problemas reales del diseño de nuestra distribución farmacéutica estriban en el malbaratamiento de capacidades profesionales, mientras se focaliza la atención  en la retribución de las oficinas, en lugar de contemplar los contenidos del servicio prestado.  Atajarlos  exige diseñar sistemas de regulación, actuación y retribución capaces de alinear los intereses de los farmacéuticos  -en tanto que sanitarios y no como contingentes empresarios -, el sistema sanitario en el que anómalamente se integran y los de los usuarios a los que sirven. Todo ello orientado a maximizar la contribución a la salud que puede aportar el importante número de profesionales que hoy disipan sus habilidades en actividades de menor valor. Y a menudo insuficientemente retribuidas, especialmente en esa casi mitad de farmacéuticos que son empleados de la otra mitad, propietarios.


Las soluciones, ya apuntadas en diferentes documentos, pasan por una concertación selectiva con el SNS ligada a algunos compromisos de servicio profesional bien definidos y por la reconsideración del sistema de pago vigente, ya que hasta el Consejo de Europa afirma que “el margen de beneficios o el volumen de ventas  no son adecuados para retribuir servicios profesionales, ni tampoco útiles para el control de costes”.  Y claro que habrá que respetar su derecho a cobrar puntualmente. Un derecho que no es mejor que el de los demás proveedores.

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